Stellantis se enfrenta a un intenso escrutinio por parte de legisladores y líderes sindicales canadienses tras los informes de que la empresa podría utilizar sus instalaciones de Brampton, Ontario, para ensamblar vehículos eléctricos (EV) para su socio chino, Leapmotor.
La controversia sigue a un período de inestabilidad para el fabricante de automóviles en Canadá, incluido el cierre de la planta de Brampton y la posterior revocación de los compromisos de fabricar el nuevo Jeep Compass en el lugar. Los últimos informes sugieren un giro que, según los críticos, socava la esencia misma de la manufactura nacional.
El “modelo IKEA” versus la fabricación real
El centro de las críticas es el método de producción de estos vehículos. Según expertos de la industria, el sitio de Brampton podría no usarse para verdadera fabricación (el proceso de crear componentes y ensamblarlos desde cero) sino más bien para “ensamblaje desmontado”.
Flavio Volpe, presidente de la Asociación de Fabricantes de Piezas de Automoción (APMA), ha comparado esta posible estrategia con el montaje de muebles IKEA.
“Estos vehículos se fabrican íntegramente en China con componentes chinos, luego se desmontan parcialmente y se traen aquí para que varios cientos de trabajadores los vuelvan a montar”, dijo Volpe a CTV News.
Esta distinción es vital para la economía canadiense. La verdadera fabricación de automóviles es un enorme motor industrial:
– Alto empleo: Una planta en pleno funcionamiento podría emplear entre 10.000 y 12.000 personas.
– Impacto en la cadena de suministro: La fabricación local suele generar aproximadamente 3 mil millones de dólares al año en compras a proveedores de repuestos canadienses.
– Valor económico: Por el contrario, las operaciones de “desmontaje” se basan en kits importados, lo que significa que la gran mayoría del valor del vehículo y los trabajos asociados con sus componentes permanecen en China.
Resistencia política y laboral
El plan propuesto ha encontrado resistencia inmediata por parte de funcionarios de alto rango. Según se informa, tanto el primer ministro de Ontario, Doug Ford, como la ministra federal de Industria, Melanie Joly, han rechazado los planes informados, lo que indica una falta de apetito político por un acuerdo que dé prioridad al ensamblaje sobre la producción.
En el frente laboral, la presidenta nacional de Unifor, Lana Payne, ha exigido que Stellantis cumpla sus promesas anteriores de restaurar la planta de Brampton a su capacidad original. Existe una creciente preocupación entre los responsables políticos de que si estos kits “desmontados” se tratan como producción nacional, se podría crear un vacío legal que permita a los productos fabricados en China eludir las protecciones comerciales.
Implicaciones geopolíticas y de mercado
La situación se complica por la relación estratégica de Stellantis con Leapmotor. Después de adquirir una participación del 20% en la empresa china en 2023, Stellantis tiene un gran interés en la expansión global de Leapmotor.
Sin embargo, la empresa enfrenta un obstáculo estratégico importante: El mercado de Estados Unidos.
Para exportar con éxito vehículos de Canadá a EE. UU., deben cumplir estrictos requisitos de contenido regional. Si las instalaciones de Brampton sólo ensamblan kits fabricados en China, los vehículos resultantes podrían no calificar para el acceso libre de impuestos al mercado estadounidense, lo que haría que toda la operación fuera económicamente cuestionable para su distribución en Norteamérica.
Conclusión
Stellantis se encuentra en una encrucijada entre utilizar su infraestructura canadiense para el ensamblaje de bajo costo de importaciones chinas o invertir en manufactura profunda y localizada. La decisión determinará en última instancia si la planta de Brampton sirve como piedra angular para la cadena de suministro de vehículos eléctricos de Canadá o simplemente como un punto de ensamblaje secundario para productos de fabricación extranjera.























